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La éltie criolla ¿es una rosca?

Julio 15 de 2005
La éltie criolla ¿es una rosca?

El autor del polémico ‘Duelo de poder: javerianos vs.uniandinos dentro de la administración pública’ (LECTURAS, 29, II, 05) comenta las reacciones.

Mi estudio sobre universidades y poder en Colombia tuvo como argumento principal la tesis de que se está comenzando a constituir, en algunos sectores de la administración pública colombiana considerados como estratégicos, un embrión de meritocracia estable y que escapa en gran parte a la presión del clientelismo. Sin embargo, agregaba que la administración pública en Colombia se caracteriza por el dualismo entre este núcleo ubicado en el sector económico (relativamente), competente, y el resto de la administración en el cual politización y clientelismo siguen siendo prácticas dominantes.

Suponía que el artículo podía suscitar algún debate sobre el papel y la importancia respectiva de la administración económica y de sus demás componentes, e inclusive reacciones ardidas de parte de los funcionarios que se pudieran sentir aludidos por esta oposición, sin lugar a duda algo esquemática, que yo presentaba. Sin embargo, no imaginé la magnitud de pasiones, rencores y frustraciones que estaba levantando. EL TIEMPO tuvo la idea de proponer un foro sobre el artículo. Más de 400 personas participaron. Se trataba, por lo tanto, de un material muy abundante y representativo de un abanico muy amplio de opiniones, y me pareció interesante revisarlo.

El primer punto es la pregunta de EL TIEMPO para abrir el debate: “¿De cuál universidad colombiana cree que son egresadas las élites del Estado?� Sobre este punto, tengo que precisar (eso no constituye una crítica) que no fui yo el que la formuló, sino el periódico. Si me hubieran consultado, es muy probable que la hubiera formulado de manera bastante distinta, ya que de un punto de vista teórico, la cuestión de saber de qué universidad salen las élites del Estado no era el punto central de mi artículo, ni tampoco de la larga investigación que acabo de dedicar a las élites administrativas en Colombia. Las cosas son mucho más complejas, ya que los criterios de selección de los altos funcionarios son múltiples; por lo tanto, si se puede decir que salir de algunas de las universidades más prestigiosas del país constituye una ventaja inicial, en ningún caso se puede afirmar que el criterio de la universidad sea el único, ni el más importante, para hacer una carrera pública exitosa.

Hechas estas reservas, de todas formas la pregunta de EL TIEMPO no carecía de interés, en la medida en que permitía evaluar el grado de legitimidad de los altos dirigentes del Estado colombiano. Efectivamente, en todos los países, inclusive en los más democráticos, existen algunos establecimientos de eseñanza más elitistas que otros, o sea cuya función no es únicamente la de impartir enseñanza y conocimientos, sino más que todo de certificar la excelencia al más alto nivel de sus egresados, y de efectuar una selección de los que consideran más dignos de tomar la sucesión de los que ocupan posiciones dirigentes. Esta situación se puede observar por ejemplo en Francia, país muy elitista por tradición (fenómeno de las Grandes Ecoles, y muy especialmente de la Escuela Nacional de Administración), pero también en Gran Bretaña (egresados de Oxbridge), y en E.U. (egresados de las universidades de la Ivy League, que son las más prestigiosas de la costa este, como Harvard, Yale y MIT).

Este sistema puede funcionar mientras el conjunto de la sociedad considera que, efectivamente, los egresados de estas universidades elitistas disponen de unas cualidades fuera de lo común que les dan legitimidad para ocupar cargos dirigentes de alto nivel. En cambio, su legitimidad queda muy reducida cuando una parte importante de la población pone en tela de juicio la superioridad de estas instituciones, y considera que las posiciones ocupadas por sus egresados no están justificadas por una excelencia académica.

El foro se abrió poco tiempo después de la publicación de los resultados del Ecaes, los cuales dieron los primeros puestos a los egresados de la Universidad Nacional, y dejaron bastante relegados a los estudiantes de las universidades más elitistas. No tengo los elementos de juicio que me permitan evaluar la validez de estos resultados. Por lo tanto, mi propósito no es de polemizar sobre ellos, sino sencillamente constatar que estos daban argumentos de peso a los que criticaban la ventaja inicial de las universidades tradicionales de formación de las élites.

Son muchos los comentarios que, apoyándose sobre estos resultados del Ecaes, critican las posiciones de privilegio de los egresados de las universidades más elitistas: así dice un lector: “Si de calidad se tratara, las nacionales siempre les han dado sopa y seco a las privadas (ver recientes Ecaes), pero aquí el asunto es por rosca y apellidos y lógicamente dinero –sin importar su procedencia�. Es enorme el resentimiento de los egresados de la Nacional y de otras universidades públicas por no tener las mismas oportunidades de acceso a cargos públicos de alto nivel, que los de universidades privadas: “Desafortunadamente los que somos egresados de universidades estatales, tenemos que conformarnos, por falta de dinero, con cargos y mandos medios en el ámbito político y administrativo de este país�. El mismo resentimiento se percibe entre los egresados de la ESAP, teóricamente creada para formar a los funcionarios públicos, pero cuyos egresados tienen pocas posibilidades de competir con egresados de las grandes universidades privadas para cargos de más alto nivel: “en instituciones como la ESAP, que es la universidad del Estado, los estudiantes se preparan durante cinco años en administración publica y no logran acceder a dichos cargos por no pertenecer a las élites económicas... y por ser una universidad pública�.

Para muchos, existe una discriminación tácita y profundamente injusta, que elimina de antemano a los egresados de las universidades públicas: “Mientras los mejores están en la Universidad de Antioquia, Nacional, UIS, Univalle, y demás públicas, los ‘lagartos’ e hijos de ‘lagartos’ son andinos o javerianos, y por ello resultan en los puestos administrativos, y los de las públicas en los puestos de overol�. ¿Cuáles son los motivos de esta fatalidad que lleva a que, a pesar de tener, según nuestros lectores, un mejor nivel académico, los egresados de las universidades públicas están condenados a los “puestos de overol�?

El primer factor es el apellido: surge frecuentemente la acusación según la cual los futuros dirigentes administrativos y políticos del país son ‘delfines’, hijos de políticos: “Lo más importante no es de cuál universidad sino de cuáles apellidos, y después viene de cuáles universidades�. Pero más que el apellido, la crítica más frecuente se refiere al hecho de que las universidades privadas de renombre están reservadas a los hijos de la ‘oligarquía’, nacidos en familias adineradas, y que entran a ellas sin ningún esfuerzo, por derecho propio: “¿De dónde salen las élites del Estado? De los Andes y del Externado, donde salen los que sus papis pueden pagarles 6 millones por semestre�. Existe, por lo tanto, una discriminación por el dinero que impide a los estudiantes más meritorios acceder a estas universidades privadas, a pesar de sus afirmaciones sobre el desarrollo de las becas: “esto confirma que en países como Colombia el que nace pobre y sin medios para pagar una de esas universidades o colegios, seguramente se quedará pobre y sin nunca llegar a ser de la élite�.

La consecuencia es que, en opinión de muchos, las “universidades de la élite� forman a estudiantes mediocres, que han podido hacer sus estudios sin mayor esfuerzo, y que por pertenecer a un medio social privilegiado, quedan alejados de la realidad del país: “las élites del Estado son egresados de las universidades privadas más reconocidas (costosas), y también pienso que los buenos o menos mediocres profesionales son egresados de públicas. Desafortunadamente, élite del Estado no es directamente proporcional a nivel de inteligencia y profesionalismo.

Un elemento interesante es la toma de conciencia de que, hoy, el hecho de haber estudiado en una de estas universidades privadas no es suficiente, si estos estudios no se complementan con un posgrado en el exterior: “Lo que sí es común en todos ellos son las especializaciones o estudios superiores en otros países. Vale le pena más bien preguntarse entonces cuál será la universidad extranjera que tiene más egresados en Colombia en los grandes cargos públicos�.

La tendencia a especializarse en el exterior tampoco está exenta de críticas por parte de los lectores. La primera es obviamente que tal privilegio está reservado a los más ricos, y no hace sino ampliar la discriminación ya existente entre las universidades colombianas: “y además con la exigencia de complementar los estudios en universidades como Harvard, un escaso número de colombianos puede darse estos lujos. En consecuencia, los estudios en el exterior no son sino un mecanismo que permite a los hijos de la clase dominante reforzar su dominación: las élites mandan a sus hijos al Externado o a Los Andes a prepararse para el curso de continuación académica en alguna universidad gringa o británica para que vuelvan a perpetuar su hegemonía, generación tras generación; esto no es más que un fiel reflejo de qué clase de país tenemos los colombianos y, sobre todo, su Estado: cada vez más mediocre y elitista (y, cabe resaltar, excluyente)�.

Otra crítica a estos estudios en el exterior, es que no hacen sino alejar aún más a estos estudiantes de la realidad del país: “Ni de la Javeriana ni de los Andes: ¡de las universidades extranjeras, por eso no conocen el país y no hacen nada bien!� Sobre todo, las universidades extranjeras les inculcan a estos estudiantes un ‘pensamiento único’, el del FMI y de las grandes organizaciones internacionales, para que cuando vuelvan a Colombia, contribuyan a someter el país a las políticas neoliberales: “después de terminar en estos afamados centros educativos, se van a Harvard a especializarse en cómo seguir jodiendo y robando a Colombia con las políticas del FMI�.

Esta crítica al ‘pensamiento único’, cuyo objetivo sería el de reproducir el poder de la clase dominante, no se aplica únicamente a las universidades del exterior; para estos críticos, las universidades privadas también realizan este objetivo, ya que también están bajo la influencia del pensamiento neoliberal: “(salen) de Los Andes o la Javeriana, debido a que son las universidades que representan el pensamiento del Establecimiento o la actual oligarquía criolla, con tendencias neoliberales en lo económico y social y neoconservadoras en lo político�.

Parece que para muchos lectores, los factores decisivos que determinan la posibilidad de acceder a los más altos cargos no se limitan a la universidad donde se han realizado los estudios iniciales, ni tampoco al solo hecho de haber seguido estudios de especialización en el exterior; o más bien consideran estos lectores que el hecho de haber podido hacer estos estudios constituye ante todo un permiso de ingreso y signo de pertenencia a una red que se conoce, se coopta y se apoya mutuamente.

Lo interesante de estas respuestas es que estos lectores van de manera espontánea mucho más lejos que la pregunta de EL TIEMPO, para considerar que en realidad la pregunta importante no es ¿De cuál universidad cree que son egresadas las élites?, sino ¿Más allá del estudio, cuáles son los factores determinantes de la posibilidad de ocupar cargos dirigentes del Estado? Y muy claramente, para estos críticos, el factor esencial es la pertenencia a lo que la mayoría de ellos llama ‘la rosca’: podemos multiplicar las citas, las cuales, en un tono más o menos ofensivo, la denuncian: “lo único que se ve de Javerianos y Andinos es roscas, no importa que no estén bien preparados; javeriano llama javeriano; y así también con Los Andes, el Externado, el Rosario, entre otras; es indudable que javerianos, rosarinos y uniandinos mandan la parada. No es que sean los mejores, es que están en la rosca�. Para algunos, inclusive, la universidad no tiene ninguna importancia: “No importa la universidad, puede ser una de garaje o Los Andes, lo que importa es que tengas algún familiar en el Gobierno�. Otro: “la verdad es que la universidad sea Javeriana, Andes, no importa. En realidad lo importante es la red de gente que se conoce�. Finalmente, la principal ventaja que presentan las universidades elitistas frente a las otras, son los contactos, especialmente políticos, que permiten durante los estudios: “¿las élites son manejadas por los mejores profesionales del país? No, por Los Andes y la Javeriana, ya que tienen los contactos políticos y el dinero para corromper al Estado�.

Para muchos, la mejor demostración del deficiente funcionamiento del sistema de selección de las elites dirigentes, son sus pobres resultados y su grado de corrupción: “muy malos estudiantes deben ser, si tan mal va este país�. Unos creen poder echarle la culpa de esta situación al mal nivel de la educación superior: “Los profesionales colombianos entre más posgrados tengan, menos preparados son. El nivel de la educación superior es muy malo, o ¿cómo creen que con profesionales tan ‘brillantes’ no hemos podido salir del hueco?� Otros complementan esta acusación con la de corrupción: “tanto las élites políticas como económicas han salido de los mismos nidos de corrupción y mediocridad. Llámese Javeriana, Rosario, Nacional, ninguna sirve para nada�

El panorama que presenta la mayoría de las opiniones en este foro es bastante desolador. Me parece que son muy reveladoras de una profunda fractura social y de una crisis de legitimidad de las élites dirigentes del país. Colombia es un país en el cual, tradicionalmente, siempre ha existido un alto grado de respeto por los estudios, los méritos académicos, el conocimiento. Desde los inicios de la República, aparece, al lado de la figura del jefe militar-caudillo, otra figura, la del sabio, la del erudito. En este sentido, la personalidad de Santander, general pero también ‘Hombre de las leyes’, realiza la síntesis perfecta de este doble origen de la legitimidad política.

El elemento nuevo y alarmante que aparece evidente en las opiniones en este foro, es que una parte importante de la opinión ya no reconoce la legitimidad de sus dirigentes. Se pone en duda la autenticidad de los méritos sobre los cuales se fundamentan las posiciones de dichas élites. Y lo grave es que estas críticas provienen en su mayor parte de colombianos educados, que pertenecen a este porcentaje todavía bastante reducido que ha podido hacer estudios superiores: leyendo entre líneas, es fácil darse cuenta que las críticas más duras provienen de egresados de universidades menos prestigiosas que las tradicionales, y que se sienten excluidos de la ‘repartición del pastel’ de manera injusta, por métodos que ignoran los méritos.

Pero al mismo tiempo, lo que deja de manifiesto este pequeño sondeo, es una fuerte aspiración a la creación de una verdadera meritocracia, que se fundamente sobre criterios neutrales y transparentes de selección, sin tener en cuenta nombre, prestigio o tradición de la universidad de donde sale el candidato, y menos aún su apellido, su medio socioeconómico, o sus amistades. Obviamente, es ilusión imaginar que las élites de gobierno son malas por el solo hecho de estar compuesta en su inmensa mayoría por hijos de la burguesía, y que se volverían de mejor calidad si entrarán en ella personas de otros medios: no todos los ricos son incompetentes y corruptos, y no todos los pobres son competentes y honestos. Muchas pruebas demuestran que muy frecuentemente, cuando un joven de un medio social humilde logra, por su esfuerzo y mérito, integrar las esferas dirigentes del Estado, adopta los mismos comportamientos y valores del grupo dirigente.

Por François Serres

By ColombianoX on Jul 16, 2005, 18:35 in Solo en Espanol. AddThis Social Bookmark Button


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