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Cuentos de hadas en historias cotidianas

Mi papa me envio este articulo muy gracioso publicado por la revista semana, es un pesar que no este en ingles y no tenga el tiempo ahora para traducirlo para la gente del grupo en solo ingles, pero bueno, sera una manera de practicar el espannol para ellos. abrazos
xxx

eltiempo.com / carrusel

Noviembre 3 de 2005
Dicen que son muchos los que vienen del extranjero a buscar a la mujer de sus sueños en Colombia

Los que parecen cuentos de hadas se han convertido en historias casi cotidianas. Estos son unos ejemplos de cuándo funciona y cuándo no.

Destino: Austria

Jéssica Rodríguez se casó hace cuatro años con Stefan Miedler, un austriaco que vino al país como jurado de un concurso de belleza. Al mes de haberse conocido, Stefan volvió a visitarla y a los dos meses le propuso matrimonio, después de verse solo en tres ocasiones. Se fueron a vivir a Austria y hoy tienen dos hijos: Marco y Sara, y acaban de regresar a Colombia (según ellos, a raíz del artículo de C, ‘102 razones para querer a Colombia’).

¿Qué le llamó la atención de Jéssica?

Stefan Miedler: su fuerza interior. Aunque no se puede generalizar, hay actitudes que diferencian a las mujeres de cada continente o país. La colombiana es muy bella y tiene una fuerza interior grande. Cuando un extranjero comparte su vida con una colombiana, tiene que entender que no vale la pena luchar contra esas cualidades sino disfrutarlas (aunque no sea fácil).

Jéssica Rodríguez: las colombianas tenemos una mezcla entre sensibilidad y berraquera. Somos buenas madres… ¡somos unas madres! Nuestra prioridad es la familia.

En Europa existe mucho egoísmo y eso hace que la pareja sea su competencia y no el “cómplice” de una relación. La mujer colombiana sabe muy bien que el oro está en la mitad. Respeta la cultura de la pareja sin olvidar la suya; maneja a la familia sin olvidarse de sí misma; es buena ama de casa al tiempo que tiene éxito profesional, etc. Pero lo que más creo que les llama la atención a los extranjeros es la sinceridad que se ve en su mirada.

Destino: Francia

Ella programaba películas en el Cine Odeón (Parque de la 93) y se conoció con Nicolás García (no parece francés por el nombre pero es que sus ancestros son españoles), trabajaba en una distribuidora de coñac. Buscando posicionar su marca, se enamoró de Karina. Luego se fueron a Madrid y de ahí a París, siempre por trabajo de él, hasta que en el 2001 se casaron (y no por papeles para ella). Hoy viven en la Ciudad Luz, el idioma ya no es problema para ella y anhelan volver a Colombia.

¿Qué le llamó la atención de Karina?

Nicolás García: en general quiero mucho a los colombianos, son muy inteligentes. Las mujeres, a diferencia de las europeas, son cariñosas y descomplicadas. Una gran cualidad es que no se arrugan ante nada y cuando viven afuera se vuelven, como dicen ustedes, más berracas. Además, tienen la capacidad de reírse de sí mismas, cosa que a veces es una gran estrategia para solucionar problemas. Y están buenísimas.

Karina Korenblum: las colombianas tenemos éxito por el sentido del humor, la seguridad y la independencia. Los franceses no quieren llevar las responsabilidades ‘normales’ de una pareja y aunque a todos nos toca lavar, planchar o cocinar, saben que la mujer puede compartir todos los gastos de la casa, sin ningún problema. A esto hay que añadir (y en muchas partes del mundo y no es cliché), tenemos fama de bonitas y seductoras.

Destino: Canadá

Esta pareja se conoció hace tres años, mientras ella estudiaba un curso de dos meses en Montreal. Hubo flechazo y después de pocos meses decidieron casarse, ella renunció a su trabajo, empacó maletas, llevó lo que más pudo para no desligarse de su país y se convirtió en extranjera. No tuvieron hijos y cuando ella finalmente estaba adaptándose, el desadaptado era él. Se separaron y ella decidió quedarse en Canadá.

Graciela*: No todo es color de rosa. Y en eso tiene que ver nuestra mentalidad latina. Las colombianas, digamos, somos más consentidas, más princesas, feministas y machistas al mismo tiempo. Cuando llegué no tenía papeles en regla, me sentía insegura por el idioma y en la búsqueda de empleo del mismo nivel del que tenía en Colombia, se murió mi mamá durante el tiempo que no podía salir del país, incluso fue difícil el volverme la ‘zoila’ de la casa. Él esperaba que yo me encargara de todo por el hecho de ser latina, que aportara igual económicamente y que entendiera que él podía rumbear hasta las siete de la mañana con sus amigos cuando yo no conocía a casi nadie. En mi caso, y en el de otras amigas, el hombre piensa que se casó con un ‘paquete chileno’, con una mujer que no era lo que él esperaba, ya que cuando nos conoció en nuestro terreno éramos independientes y exitosas. Me atrevería a pensar que la primera relación cuando una mujer llega a vivir al exterior no funciona, pero la segunda sí. Cuando le conté a mi ex que iba a contar esto, me dijo: "pero no fue tan malo".

*Nombre cambiado porque ella

es decente y no quiere boletear al ex.

Cómo hacer para que ‘manden por usted’

El destino está marcado pero también se le pueden hacer trampas. El primer paso es descubrir si en el extranjero es en realidad donde usted quiere estar (imagínense como esposas, madres y mujeres en un país extraño).

Si ya está convencida, diseñe su estrategia porque el galán que sueña no llegará a tocar a su puerta. Aquí unas pautas, usted escoge porque los riesgos abundan, así como los petardos…

· Visite agencias matrimoniales que la contactan con extranjeros.

· Las salas de chat en Internet se han convertido en un sitio de encuentro. Eso sí, use cámara, fotos reales y nunca lo haga en secreto.

· Siga el ejemplo de las amigas que ya ‘coronaron’, ellas le pueden presentar amigos.

· Los sitios turísticos están llenos de candidatos. Vaya a las playas de Cartagena, a Monserrate, al Pueblito Paisa, en Medellín, Chipichape, en Cali, a los museos y échese una caminada por el barrio La Candelaria.

· Visite a la tía que vive en otro país desde hace años. A veces un vecino rico y entrado en años se convierte en su príncipe azul.

Por qué sí y por qué no irse con un extranjero

Positivo

1. Es la oportunidad para conocer otro país.

2. Si trabaja, gana en euros o en dólares.

3. Puede aprender a hablar y amar en otro idioma.

4. Es un momento para un gran intercambio cultural: aprender otra forma de vida, costumbres, comida, celebraciones, climas, etc.

5. Puede tener hijos bilingües y, en el mejor de los casos, políglotas.

6. Su carrera puede alcanzar una proyección internacional que ni había soñado.

7. Puede mejorar su nivel de vida.

8. Conoce nuevos amigos y si se devuelve, ya tiene dónde pasar las vacaciones.

9. Se vuelve la más famosa de la familia y hasta en una especie de Papá Noel en Navidad o cada que venga al país.

10. Si triunfa, puede mandar por el hermano crápula, la prima quedada pero apetecida en el extranjero o el hijo de su primer matrimonio para cambiarle el apellido.

Negativo

1. Le toca empezar prácticamente de ceros en su carrera, amigos y nueva familia.

2. Hay un choque cultural grande: costumbres, idioma, comida, vestuario, relaciones personales, etc.

3. Su marido pudo ser un príncipe cuando vino a conocerla y se casó, pero cuando llegó a la normalidad, se convirtió en un verdadero psicópata (maltrato, violencia doméstica, mal papá, etc.).

4. La pueden poner de ‘guisa’, le esconden el pasaporte o cae en una red de trata de blancas que ofrece servicios de geishas.

5. Su marido puede resultar aburrido y sin el ‘tumbao’ latino para todo (baile, humor, sexo) que usted posiblemente tiene de sobra.

6. Su carrera se puede truncar o quedar en un periodo de letargo que la confinaría en su casa, con papel de señora y todo.

7. Su suegra está más cerca de usted que su mamá.

8. De acuerdo al país le tocaría ser virgen y si definitivamente quiere agarrarlo, le tocaría pagar una himenoplastia (cirugía para recuperar la virginidad). Y, lo peor, volverla a perder. Y si llega a poner los cachos, la pueden lapidar.

9. Si corre con suerte, su familia en Colombia la puede marranear porque se convierte en la ‘pariente rica’.

10. No quema pólvora en Navidad y no tararea “yo no olvido el Año Viejo, porque me ha dejado cosas muy buenas. Me dejó una chiva, una burra vieja, una yegua blanca y una buena suegra…”.

Por Guido Hoyos
guihoy at multirevistas.com.co

By simoneta on Nov 4, 2005, 02:14 in Solo en Espanol. AddThis Social Bookmark Button


simoneta says on Nov 4, 2005, 02:21:

¿Qué tienen las colombianas? esto es parte del mismo articulo...

¿Qué tienen las colombianas que las hace apetecidas por los extranjeros?

El matrimonio entre la modelo Catalina Maya y el piloto mexicano Adrián Fernández es sólo uno de los casos.

Ellos son famosos, pero la historia se ha repetido con mujeres comunes y corrientes que hoy están compartiendo sus vidas con hombres de todo el mundo.

De esta historia se ha hablado, escrito y contado mucho. De la boda hubo fotos, paparazzi criollos y cámaras de TV buscando primicias. Ella, Catalina Maya, era una de las modelos más conocidas del país y él, Adrián Fernández, un corredor de carros que venía por primera vez, o sea un desconocido, pero del cual se sabía que era propietario de su propio equipo: Fernández Racing y que corría en el Indy Car de los Estados Unidos.

Cuando se rumoró sobre su noviazgo, muchos creyeron que el encuentro entre esta mujer deseada por los colombianos y este piloto mexicano era uno de esos chismes de farándula que se dan en ciudades como Cartagena y que no terminan en nada aparte de un romance de verano estilo Hola.

Ellos recuerdan y se ríen porque en realidad todo parece escrito por un libretista de telenovelas que puso el amor entre dos a los que el destino, simplemente, juntó. Y como dicen que los culebrones son la realidad (palabra de señoras), fue Fernando Gaitán (el autor de Café y Betty la fea) quien los presentó.

Fue tan rápido que no hubiera servido de melodrama ni habría tenido rating, porque el amor se solucionó en pocos capítulos. No hubo malvada en medio y todo ha sido muy rosa. ¡Qué cliché! Sí, fue el libretista rumbero quien le dijo a Adrián, después de oírlo decir “qué mujer tan bella”, “la conozco, ¿la quiere conocer?”. Y así fue, en vez de escribirlo le dijo a Catalina que el piloto, que estaba bien ubicado en la pole position de un bar en Cartagena, la quería conocer. Y como en un capítulo emocionante, ella dijo que sí mientras él se preparaba para arrancar.

“Fui hasta donde estaba él, no sé por qué, pues en otro momento le hubiera respondido: ‘que venga acá’”, cuenta Catalina. Y platicaron de todo. Fue un arranque padrísimo, como dicen los mexicanos, e impulsado por el destino. Lo confirma Adrián: “cuando uno va a conocer a la mujer de su vida, se da una casualidad”. Solo uno o dos días antes ya se habían cruzado, porque ella cubría el reinado de belleza para una emisora y él era una de las estrellas de la carrera organizada por Juan Pablo Montoya.

De este encuentro se cumplen dos años por estos días y ocho meses de matrimonio. El final feliz se dio en un tiempo razonable después de dos días en Cartagena con carrera, cenas y actividades sociales, un dolor extraño que ambos sintieron cuando se despidieron y las consecuencias: correos electrónicos, una llamada diaria que luego se convirtió en dos, tres, cuatro…, y 14 viajes para encontrarse.

Con la historia nos surge la pregunta de por qué muchas colombianas ‘atrapan’ a un extranjero en un país que por fuera no tiene la mejor imagen (recordemos que otras famosas y otras menos van y vienen por el mundo como mujeres ideales para los foráneos: María José Barraza, Maritza Rodríguez y una que casi: Angie Cepeda, con Diego Torres.

”Creo que las colombianas son guapísimas, me impresionó la cantidad que hay y su sencillez. Se visten sexy, cosa que no es común en México. Pero lo más importante es que son preparadas e independientes. Con Catalina también descubrí que antes me estaba alejando de mis raíces y eso me cautivó”, afirma Adrián. Y remata que lo sedujo un ‘paquete’ completo: la familia, Medellín, la cultura, las tradiciones, el carácter de ella y la sinceridad (y parece que se lo ha contado a sus amigos mexicanos).

Catalina ahora ha descubierto que ella y sus compatriotas tienen su encanto en las tradiciones familiares que no se ven en otros países, “somos trabajadoras, nos valemos por nosotras mismas, no necesitamos siempre de un hombre y sabemos para dónde vamos. Eso atrae a los extranjeros”. Y lo dice con convicción porque aunque nunca soñó casarse con uno, ya lo vive a diario.

Tal vez no pensarlo es parte de ese atractivo de las colombianas para los hombres de otros países. Por eso, decidimos denominarlo el Punto C.

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